Cuando hablamos de desafío, no debemos entenderlo únicamente como un problema sino como una posibilidad nueva e, incluso, excitante. Puede que sea la forma de mejorar un producto o actualizar un servicio. Innovar, plantear algo de forma diferente. Hay muchas metodologías en materia de innovación, una de nuestras favoritas y de la que ya os hemos hablado es el Design Thinking que, resumidamente, busca la creación de nuevas ideas apoyándose en los pilares de tener siempre la creatividad como bandera y enfocarse en las necesidades de las personas.

Empecemos por el principio… ¿Por qué muchos proyectos no terminan en éxito?

Muchas veces, cuando nos plantean un reto, nos ponemos rápidamente a buscar soluciones. Más tarde, cuando le presentamos a la persona que nos ha planteado el problema la solución que hemos ideado, ocurre que no le interesa o no es lo que esperaba. En este momento es cuando caemos en el mito de pensar “bueno… es que este reto es demasiado complejo y solo pueden solucionarlo personas muy creativas”.

No, el problema aquí no proviene de la creatividad. A lo largo del tiempo, hemos visto que el mayor fallo que cometemos a la hora de crear soluciones es la falta de foco en la ideación. Esto quiere decir que intentamos crear ideas óptimas sin haber definido bien el problema.

“Buscar ideas, sin tener un desafío bien definido, es como intentar matar moscas a cañonazos”

Es imposible dar en el blanco si no hemos definido cuál es el objetivo. Un reto suele ser un problema complejo demasiado genérico y abierto, lo que no nos proporciona un objetivo claro al que apuntar. Sin embargo, cuando conseguimos tener ese objetivo claramente definido en el punto de vista, será mucho más fácil acertar en la diana. A eso le llamamos tener foco.

Tener el foco claro y estar alineados con el objetivo a cumplir del reto se consigue a través del desafío de diseño. En todo proyecto de Design Thinking es necesario aprender a crear correctos desafíos de diseño, ya estos serán los que nos guíen durante todo el proceso de ideación. Pero, antes que nada, maticemos la diferencia entre reto y desafío, ya que comúnmente suelen ser confundidos.

Reto vs. Desafío

Un reto es un problema muy genérico, algo muy abierto, mientras que, en un desafío, el foco está más cerrado, es decir, el problema planteado está más definido. Por ello, cuando alguien nos lanza un reto, nosotros automáticamente nos pondremos a generar soluciones, pero estas soluciones no generarán ningún impacto. En cambio, cuando transformamos el reto que nos han dado en un desafío, el impacto en el usuario será mucho mayor. 

“Aquí está la gran diferencia: mientras el reto genera soluciones que no aportan valor, el desafío genera soluciones que sí aportan valor. Entonces, cuando tenemos el desafío generado ya tenemos la mayor parte del problema ganado”

¿Cómo generar un buen desafío de diseño?

En el Design Thinking, se trabaja alternando dos formas de pensamiento: el pensamiento divergente y el pensamiento convergente. Mientras que en divergencia se trabaja en la generación de posibilidades abriendo el foco (“Thinking outside the box”), es decir, la manera de pensar de un artista, en convergencia se trata de definir y cerrar el foco, como lo hace un ingeniero.

Y esto es lo que ocurre muchas veces cuando nos presentan un reto, que empezamos a buscar soluciones rápidamente como lo haría un ingeniero, pero no conseguimos que aporten valor. O bien, empezamos a explorar el problema en modo artístico y no lo resolvemos nunca. Lo que en el pensamiento de diseño se hace es trabajar con esa dualidad de pensamiento para generar soluciones con impacto. Primero se trabaja en conocer bien el problema para luego trabajar generando buenas soluciones.

Gráfico del doble rombo, que representa el pensamiento de diseño, con sus 4 fases: Mapear, Explorar, Construir y Testear. Los momentos de divergencia (Mapear y Construir) son aquellos relacionados al pensamiento artístico, mientras que los momentos de convergencia (Explorar y Testear) están más relacionados a la forma de pensar de los ingenieros.

Por tanto, para pasar de un reto a un desafío, primero troceamos el problema y lo analizamos a fondo, viendo quién es el usuario, cuál es su entorno, cuáles son sus necesidades, etc. Después, en modo convergente, definiremos el desafío utilizando toda la información que hemos obtenido previamente. Una manera sencilla de definirlo es utilizando la herramienta Desafío de Diseño. 

El resultado será una pregunta que empezará por: ¿Cómo podría…?

En la pregunta incluiremos la información de a qué punto vamos a atacar, cuál es el dolor del usuario y cuáles son sus ganancias. Es importante que el resultado no sea ni muy abierto ni muy cerrado. Por ejemplo:

  • ¿Cómo podría crear una ciudad más sostenible? Es muy abierto.
  • ¿Cómo podríamos aprovechar la cantidad de comida que se tira en los restaurantes endureciendo las leyes de la ciudad? Es demasiado cerrado.
  • ¿Cómo podríamos reducir el desperdicio de los restaurantes en la zona turística? Correcto, no es ni demasiado abierto ni demasiado cerrado.

Conclusiones

Por tanto, el modo de generar ideas con impacto, que generen valor en el usuario, no depende tanto de la creatividad de cada persona, si no de poner foco en el reto a través del desafío de diseño. 

En definitiva, cuando tengamos delante un problema, siempre tendremos que dar un paso atrás, analizar el reto, investigarlo y focalizar el proyecto antes de ponernos a buscar soluciones. Podemos usar la herramienta desafío de diseño para ayudarnos a nosotros, o a nuestro equipo de trabajo, a transformar lo que hemos averiguado del problema en desafíos de diseño que nos ayuden a encontrar soluciones enfocadas.

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